L@s ponentes y su lugar en el mundo. Noelia Vicario.

Mi nombre es Noelia Vicario González y soy matrona desde el año 2000.

Nada más terminar los estudios de enfermería en mi ciudad natal, Burgos (aunque yo en concreto pertenezco al barrio de Gamonal, pero esa es otra historia), aprobé el EIR y me formé como matrona en un hospital altamente intervencionista, lo más parecido a una cadena de montaje, donde se desensamblaban madres y bebés con una batería de intervenciones que interferían en el proceso natural y que consistían en administrar enemas, canalizar vías, poner sueros, romper bolsas, preguntar si se había aprendido a respirar, recordarlo si no era el caso, colocar electrodos y catéteres para monitorizarlo todo, encamar y forzar pujos, volver a pedir respiraciones, pedir más pujos y boca cerrada, “cógete las rodillas, tira de estas barras”, “venga, más, más…” y cortar perinés, tirar de delicadas cabecitas de bebés, pinzar cordones nada más nacer, llevártelos inmediatamente a la cuna térmica para que les hiciese cosas otro profesional, coser perinés..

En suma, que me enseñaron a “hacer partos”, y con el tiempo tuve que desaprender básicamente todo lo aprendido, porque descubrí que lo que a mi me gustaba en realidad, (y se ha demostrado que es lo mejor), era acompañar a las mujeres que no quieren que nadie les haga el parto, sino que desean hacerlo ellas, con el apoyo y la seguridad que brinda la compañía de una comadrona empática y respetuosa, que no gusta de decirle a las demás mujeres lo que tienen que hacer, sino que prefiere esperar, sugerir si acaso, permitir que sean ellas las que descubran sus propios recursos y su propio poder, que es tanto.. y presenciar la maravilla de una mujer pariendo ella misma a su criatura como su cuerpo y su instinto le piden.

Pero para hacer esto y para terminar de ser la comadrona que yo he querido ser, confieso que únicamente ha sido fuera del hospital donde lo he logrado; porque en ese ámbito, en el tiempo y lugares que a mi me han tocado, me ha sido francamente imposible.

La llegada de la tan ansiada iniciativa ministerial de transformar la atención al proceso del parto en este país coincidió con la toma de posesión de mi plaza fija dentro del Sistema Nacional de Salud en un hospital del centro de la península. Me trasladé de allí ante la certeza de que tendrían que pasar muchos años para que se produjesen los cambios necesarios, que me permitiesen realizar allí lo que yo consideraba una atención digna al parto y esto mismo se ha verificado después en el(los) siguiente(s) hospitale(s) que he conocido.

Aquí tengo que decir que ser consciente de cómo debería ser una atención ideal al parto y del daño que hacen las interferencias, las violencias y las intervenciones innecesarias en el proceso natural, las separaciones innecesarias de madres y bebés y tantos otros aspectos de ser una ruedita dentro del engranaje de una institución jerárquica (que no multidisciplinar), hacen que el malestar personal y profesional de una matrona hospitalaria en minoría absoluta, como yo estaba, sea enorme.

La llegada de los recortes quiso que tuviese la oportunidad de cambiar el paritorio hospitalario por el centro de salud, a hacer un trabajo para el cual por fin me consideraba sobradamente preparada, el de contarles a las mujeres y sus parejas de qué iba el proceso fisiológico del parto, de todos los recursos con la que la naturaleza nos había dotado como mujeres para llevarlo a cabo, de cómo debería ser la atención al parto y de cómo era en la actualidad, de la necesidad de información para decidir la atención que cada una desea en ese momento, dentro y fuera del sistema, de la necesidad de tomar esas decisiones, de cómo hacerlas valer usando los vehículos proporcionados por el sistema, el plan de parto y la ley de derechos y deberes del paciente.

Fue un trabajo muy satisfactorio que me gustaría retomar, sin duda. La reciente oportunidad que me ha dado la asociación “Creciendo Juntos” de Zamora de dar una conferencia con motivo de la Semana Mundial del Parto Respetado sobre por qué merece la pena parir sin medicalización me ha recordado ese otro aspecto de la profesión de comadrona que me encanta: proporcionar información, apoyo y acompañamiento a las mujeres para que puedan tomar las decisiones que a ellas, más que a nadie más, les conciernen: cómo, dónde y con quien quiero parir a mi bebé y cómo quiero criarle después.

Llevo en excedencia de mi plaza de matrona hospitalaria en el SESPA desde el final de 2014. Por coherencia personal y desarrollo profesional he compaginado esta excedencia con la atención a partos en casa, y me gusta decir que estos dos años en los que he acompañado partos en casa me han valido más como comadrona y como mujer, que los quince de hospital.

Nunca antes había disfrutado de la posibilidad de acompañar a una familia con la que tejer antes una relación de confianza recíproca que me permita conocer de antemano las necesidades que se presentarán durante el embarazo, en el momento del parto y en el postparto para poderlas satisfacer.

En ningún lugar como en la casa he tenido la posibilidad de entender y contemplar la maravilla del proceso fisiológico del parto y de respetarlo, sin la prisa innecesaria de las rutinas hospitalarias o las limitaciones impuestas por protocolos caducos.

En ningún lugar como en la casa he disfrutado de la autonomía necesaria para acompañar los partos de esta manera y para ser respetada yo misma en mi trabajo. En definitiva, no hay ningún lugar como la propia casa para nacer.

Pero que nadie piense que demonizo los hospitales, ¡todo lo contrario! El hospital hace más segura la atención al parto en casa y siempre habrá mujeres con embarazos y partos complicados para las que la unidad obstétrica hospitalaria controlada por médicos obstetras, sea la opción más segura. Pero en otros países, en concreto en Reino Unido, se ha demostrado que ésta es la opción más arriesgada para las mujeres sanas con embarazos no complicados, por contraposición a otras opciones más seguras como son el propio domicilio y la unidad llevada por matronas o casa de partos.

Apunto a que las dos últimas opciones no existen en este país dentro del sistema sanitario público, aunque hace poco he tenido conocimiento que las unidades llevadas exclusivamente por matronas o casas de partos quieren ser implantadas en Cataluña y que en los próximos años estas sean una opción para todas las mujeres. Me alegro sobremanera por las catalanas, pero, ¿qué pasa con las que no vivimos en Cataluña? Pues que nuestras opciones se reducen considerablemente según donde residamos. Conozco mujeres que se han desplazado muchos kilómetros en el último mes de embarazo por ir a parir a un hospital con fama de “respetuoso”, conozco mujeres que han renunciado a su deseo de dar a luz en casa por no encontrar un equipo de comadronas independientes que atiendan partos en casa en su lugar de residencia.

En la actualidad continuo en excedencia de mi trabajo en el sistema sanitario público y no ejerzo actividad profesional alguna como comadrona independiente. En noviembre cumple el plazo máximo de mi excedencia y me espera mi plaza en un hospital de Asturias que me proporcionó el acicate necesario para mejorarme personal y profesionalmente, así que en realidad le estoy, en cierta manera, agradecida y pronto volveremos a vernos, cara y fachada. Espero ser bien recibida allí y en cuanto tenga oportunidad trataré de volver a mi meseta, para estar cerca de mis seres queridos en primer lugar, y después para seguir trabajando en proporcionar información, acompañamiento y apoyo a las mujeres y contribuir a mejorar la asistencia al parto.

Mi lugar en el mundo está junto a la gente que me quiere, con quienes mi corazón se conforta y está donde siento que tengo algo que aportar, sea apoyo, acompañamiento, conocimiento o experiencia.

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